Posted by: cristinardunn | September 14, 2009

Irmãs

He conocido a muchas personas que han pasaron todas sus vidas como el hijo único en su familia. Observando una de esas personas, nunca pensé que ‘a él le está faltando algo’. Al contrario, pensé varias veces que esas personas que tienen todo el amor y la atención de sus padres son las que tienen suerte. Siempre admiré la relación que una de mis mejores amigas tiene con sus padres. Ellos consiguen poner toda su energía en la felicidad de mi amiga,  pueden dar a ella todo que quiere y pueden enseñar, fácilmente, a ella todo lo que ellos piensan que es importante y valioso en la vida. Pero ya  mi corazón se siente diferente. Ahora, yo soy la hija única en mi casa. No es que no amo mis padres y su compañía, ni que mis amigos no consiguen eliminar mi soledad. Es que me hacen falta sus risas, por sus volúmenes surrealistas y por la felicidad surrealista que me traen. Me hacen falta sus ojos de esmeraldas; sus almas que todavía mantienen su entusiasmo inocente y belleza eternal. Lo que más me hace falta, es la habilidad de agarrar sus manos en mis manos y decir ‘Hermana, yo te amo’.

The Pokens Grad, sister love

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